viernes, 1 de septiembre de 2017

Mis comienzos en el cine

Valladolid 1967. Empieza la aventura de "MI CINE".

Sí, esa es la fecha de mis comienzos en el cine, justo el año en que nací. Tal vez fuera porque mi "Señor Padre" ya trabajaba en eso de proyectar películas en un cine de barrio de mi ciudad: Valladolid.
Operador de cine
Mi padre en sus primeros pasos como operador de cine

El caso es que mi primer contacto con una sala de cine fue en mi "Ciudad Natal", tomando la leche materna en una butaca (por llamarla de alguna forma, ya que en aquella época eran de madera y muy duras) .

Pasaron esos primeros años y una vez que este niño empezó a ir al colegio, a unas monjitas cercanas a mi domicilio, los fines de semana los pasaba en el cine viendo las películas.

El cine era de esos de sesión doble: para los de la generación del facebook les explicaré que se ponían dos "pelis", normalmente una "buena" (o que se podía ver) y otra, digamos que "no tan buena".

Tarzan con Jhonny Weissmuller
Las pelis de Tarzan
En esos tiempos (hoy ya tan lejanos) lo que mejor podías pedir es que mi padre proyectara una "peli" de Tarzan, eso sí con Johnny Weissmuller, porque había unos Tarzanes de pacotilla que no daban ni con el tipo, ni con el grito característico de Johnny. 

El ritual de esos fines de semana era ir con papá a primera hora al cine y, ¡qué gozada!, ver a los demás chicos esperar en la cola de la taquilla, y yo, entrar el primero a coger el mejor sitio de la sala....¡Vaya cara que se les ponía!.

Una vez que todo el público había entrado, la sala estaba abarrotaba. En esa época sólo había una TV y no existían ni el VHS, ni el DVD o el BRay. Los chicos de mi edad lo mejor que podían hacer era ir al cine.

Sala de cine¡Atención, empieza la sesión!, mi padre está abriendo las cortinas que cubren la pantalla. En los años 70 y hasta bien avanzados los 80, las salas de cine protegían la pantallas con unas grandes cortinas de color generalmente oscuro.
Ahora tres timbrazos antes de empezar la sesión para que aquel rezagado se fuera acomodando y..... por fin se apagan las luces , era el momento....mi padre había bajaba los 4 interruptores que estaban fuera de su cabina.

NO-DO
Así empezaba el NO-DO

Pero antes de la proyección de las películas, todavía quedaba el insoportable suplicio para los niños de mi época y también, para algunos mayores, de tragarse el NO-DO (Noticiario Documental Cinematográfico), que era algo así como los documentales de la 2 pero en blanco y negro y alabando a un señor bajito que siempre era el protagonista y, oye, estaba siempre ocupado en inaugurar pantanos o pescando grandes salmones en su barquito, con varios hombrecillos alrededor aplaudiendo las proezas de su héroe. También salía una señora que siempre iba con un collar de perlas al cuello y al sonreír, se la veían unos dientes muy grandes.
Franco pantano
El héroe del NO-DO inaugurando pantanos

Por fin, empieza la película, normalmente "la mala" primero....si no te gustaba aprovechabas para dormir una siesta de hora y media, que es lo que solían durar esa "peli".

the endAnda, pues ya acabó la peli, vaya rollo me he quedado dormido, menos mal que ahora viene la buena.

En el intermedio salimos al cafetín del cine (el bar de cine se llama cafetín que lo sepáis), donde la Señora Carmen nos despacha gaseosas y los ochos de chocolate que merendábamos y que todavía no eran una bollería industrializada como los de ahora. Las palomitas no se estilaban de momento en el modesto cafetín, pero llegarían mas tarde, advenimiento del que se arrepentiría la Señora Carmen, porque también era la encargada de mantener la limpieza de la sala, y las pipas y las palomitas eran un mal enemigo para ella.

Terminada la sesión yo de vuelta a casa con mi madre y mi padre todavía continuaría en el cine unas horas más, ya que aún le quedaba por proyectar otras dos pelis, que a veces se convertiría en la sesión de los adultos donde una de las dos películas era de esas para mayores de 18 años, de los años 70 (llámese "películas de destape").


cinema paradisoHoy os he contado como comencé en el cine y mis dobles sesiones en una sala de un cine de barrio. Poco a poco, mi historia se va a ir pareciendo a la de Salvatore, el niño de Cinema Paradiso, ya que al cabo de los años, acabaré proyectando películas en ese mismo cine, porque mi curiosidad por conocer cómo funcionaban esas máquinas de hacer magia con los rollos de 35 mm me llevó a aprender a manejarlas a muy corta edad y, como he dicho anteriormente, pasar a proyectar en los años 80, mientras realizaba mis estudios de informática. No sin antes haber pasado por los puestos de taquillero, acomodador, repartidor de publicidad de las películas por los buzones del barrio, etc.....
Pero estas son otras historias.....que ya os iré contando. Hoy hasta aquí.